| Buenos Aires, 6 de marzo de 2004 - 03:10 hs. Última actualización 02:59
La Pasión en el cine Jesús: rubio, alto y de ojos celestes En dos mil años de cristianismo, la imagen de Jesús ha cristalizado en la de un hombre más bien occidental, alto, castaño o rubio y de ojos celestes. Aunque últimamente los arqueólogos sospechan que el personaje histórico era muy distinto, el cine sigue abrevando en el modelo más establecido.
  Rey de Reyes, un jesús "canónico" ¿Cómo era Jesús? Para el cine no hay dudas: la imagen que cristalizó en el siglo XVI gracias a la controvertida Sábana Santa de Turín, esa reliquia muchas veces analizada es el molde de todas las representaciones crísticas del cine. Hoy hay arqueólogos que dicen que el Salvador era muy diferente y, además, muy poco glamoroso.
Cristos hubo muchos, dado que hay películas sobre la Pasión casi desde los comienzos del cine. La primera es de 20 minutos, francesa y muda, francesa y muy -demasiado- teatral: La vie du Christ, de Alice Guy Victorin-Hippolyte Jasset (1906). Aunque el primer gran director que tocó el tema fue el padre cinematográfico D.W. Griffith en Intolerancia (1916), donde, sí, ya se acusaba a los judíos por la muerte de Cristo (lo que le valió repudios varios)
No es verdad que no se mostrara el rostro de Cristo. En estas películas y en la posterior Golgotha (1935, Francia, Julien Duvivier) el rostro era el de Robert Le Vigan, y el acento de la película estaba puesto en la lucha contra ricos y fariseos. El mito del rostro cubierto nació en Estados Unidos, donde el sempiterno puritanismo, en la posguerra, evitó el rostro del Salvador.
Es lo que pasa en El manto sagrado (1953, Henry Koster) y Ben-Hur (1959, William Wyler) por ejemplo. Sin embargo, la idea de un Cristo rubio y de ojos claros ya era un dato: todas las imágenes propaladas por la Iglesia tenían esa característica. De esa manera, a la hora de mostrar a Jesús, se adoptó la figura canónica.
Cuando la Caza de Brujas menguó, el gran Nicholas Ray (autor de Rebelde sin Causa) mostró un Jesús con el rostro de Jeffrey Hunter en Rey de Reyes (1961). Pero la originalidad de la película -que no causó polémicas- era que se concentraba más en Judas y en Barrabás que en el Mesías. Era un film evidentemente político que pasó inadvertido, pero que merece una revisión.
Es que el tema no reside en la brutalidad con la que Jesús fue tratado, sino en un mensaje que, hace dos mil años, era filosóficamente revolucionario: el perdón, la igualdad entre los hombres y la pobreza eran, en tiempos de la Ley del Talión, una revolución filosófica.
Lo que se vio, por ejemplo en La más grande historia jamás contada (1965, George Stevens). En ella, Cristo era el gran (y ateo, ya que estamos) Max Von Sydow, que venía de ser estrella de Bergman. La máxima audacia de un film donde estaba todo Hollywood aunque sea un segundo, era que, en el Via Crucis, quien ayudaba a Cristo a sostener la Cruz era negro. En plena lucha por los derechos civiles de los negros en los Estados Unidos, era una declaración fortísima.
Un año antes, un artista declaradamente homosexual y marxista había hecho una de las Pasiones más bellas: La Pasión según San Mateo, de Pier Paolo Passolini. El film era austero, en blanco y negro, y presentaba a un Jesús mucho más cercano al hombre "normal" que al de estatura "estelar" que proponía Hollywood.
Luego se pueden citar dos "irreverencias": una es Jesucristo Superstar (1973), la opera rock que Norman Jewison llevó al cine y que, créase o no, estuvo prohibida en la Argentina durante quince años. La otra es La vida de Brian (1979), perseguida en la Argentina pero finalmente estrenada. La película del grupo inglés Monty Python era una parodia de las "epopeyas" bíblicas de Hollywood más que una crítica a Jesús o la Iglesia. Y, también, era un manifiesto político corrosivo.
En 1977, el ultracatólico Franco Zeffirelli eligió a un inglés, Robert Powell, para que personificara a Jesús en la miniserie -aquí estrenada en cines- Jesús de Nazareth, que se pretendía la versión "definitiva" de la historia. El film fue destrozado por la crítica, especialmente por su enorme falta de creatividad y su espíritu conservador. Aunque fue de visión obligada en varios países.
La más polémica película "evangélica" a la fecha es La última tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese, que aún no pudo verse, intolerancia mediante, en la Argentina. Basada en una novela de Nikos Katzanzakis, el film muestra como Jesús a Willem Dafoe (con el pelo mucho más corto que el de otros Cristos) duda y cae en la tentación de tener una vida normal bajándose de la Cruz.
El cast incluía a un gran Harvey Keitel como Judas, el hombre que se sacrifica traicionando por exigencia del propio Jesús a quien más ama. Y a un inolvidable Pilatos en la piel de David Bowie. Las reacciones fueron terribles, especialmente porque la película incluía sexo. Pero los intolerantes de siempre obviaron que este Cristo humano y con dudas acerca de su misión termina eligiendo el sacrificio. Es decir: el film más fiel al mensaje evangélico fue excomulgado. En la Argentina sólo se editó en DVD.
Ahora Mel Gibson, que pretende una "fidelidad total" en su film La Pasión de Cristo -polémico por su violencia y por su supuesto antisemitismo- tiene como Jesús (nuevamente) a un actor que corresponde al estereotipo, Jim Caviezel (alto, con ojos verdes y pelo castaño claro, aunque oscurecido). ¿Habrá sido así, realmente, el Salvador?
Terra
/ Leonardo D'Espósito.
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