Buenos Aires, 17 de marzo de 2004 - 11:52 hs. Última actualización 13:03
Alejandro Dolina "Si fuera inmortal, no me gustaría saberlo" Para él, en Argentina se produjo "un desperfecto en el infierno: seguimos ahí, pero hay algunas rajaduras por donde se filtra una esperanza". Su nuevo programa en Continental, la herencia del barrio de Caseros y su próximo libro, en los videos de una charla con el creador de Crónicas del Ángel Gris.
"¿Qué estabas haciendo anoche?" se llama el nuevo programa o la nueva venganza de Alejandro Dolina en Continental. De lunes a viernes a las 13, se puede escuchar lo mejor de "La venganza será terrible", su clásico espacio de todas las medianoches, que transmite desde el sótano del Café Tortoni.
Pero el nuevo programa es algo más que una repetición, en un horario apto para todo público: "Yo tengo una pequeña intervención inicial, una especie de exordio, para no dar a la gente esa idea de desamparo que a veces tienen las grabaciones", explica Dolina. "En algunas emisoras uno tiene la sensación de que todos se han ido, y han dejado correr una cinta, y que uno está solo en el mundo con esa cinta. No queremos dejar esa sensación", agrega.
Responde con largos silencios pensativos, y a veces con una sonrisa, cuando encuentra las palabras que estaba buscando. Ya lejos de Crónicas del Ángel Gris, el libro con el que vendió cerca de 200.000 ejemplares, Dolina ahora descree un poco de los fantasmas, y reivindica "cierta actitud estudiantil", que nace de las investigaciones y lecturas que le demanda el programa, con sus intervenciones sobre historia y mitología.
"Todas las tardes, junto a Nicolás Tolcachier, nos dedicamos a un minucioso saqueo de los libros que admiramos. Pero aún para saquear es necesario un trabajo de lectura", advierte. "La verdad es que tanto yo como Nicolás estamos estudiando mucho más de lo que lo hacíamos en nuestro paso por las aulas. Eso, lejos de ser un inconveniente, me parece que es algo que tengo que agradecerle al programa".¿Cuáles son las lecturas de Dolina, por estos días?
Estoy leyendo mucho más ensayo, historia, mucho más ciencia que ficción. Yo era un gran lector de cuentos y novelas. Ahora estoy leyendo Historia de los Judíos, de Paul Johnson. Estoy con unos cuantos libros de historia china, en razón de que estoy escribiendo un libro, y en alguna parte estamos hablando mucho del taoísmo, así que estamos en una especie de investigación sobre el Tao. Creo que las últimas lecturas de ficción han sido más bien relecturas. Es decir: ir a confirmar alguna sospecha en Borges, en Bioy, las lecturas de siempre.¿Cómo es el nuevo libro?
Otra vez es una colección de cuentos o semicuentos. A veces son cuentos disfrazados de ensayos. El envoltorio es el mismo que yo utilicé en la televisión, el Bar del Infierno: un bar interminable, en donde todos están condenados a repetir sus conductas, y particularmente un narrador de historias, una especie de Sherezade, está condenado a contar un cuento cada noche. El relato central es el del bar, con tipos que están condenados a repetir sus conductas, y que no encuentran salida de un bar que probablemente no tiene salida. Porque el bar probablemente es el universo en que nos toca vivir.¿Y esa condena es agradable?
No siempre es agradable. Pero es una condena, y yo creo que el escritor padece esa condena inevitable. Tiene algunos costados de placer, innegablemente, pero son placeres duramente pagados con el sufrimiento. En este caso, el narrador, que podría ser una alegoría del escritor, tiene una condena supernumeraria, que es la de que nadie lo escuche mientras él está contando los relatos. Yo creo que no debe haber peor cosa para un escritor que saber que sus relatos están clausurados, que solamente él los registra o los atiende.Si las obsesiones motivan a algunos artistas, ¿cuál es la fuerza de la obsesión en Dolina?
Tengo muchas: la del amor es una de ellas. La de la muerte es otra, y la del conocimiento y del misterio del arte es otra. Si es que no son las tres la misma, me parece a mí, porque las fuerzas que van tirando de un hombre, y lo van arrastrando penosamente hacia el futuro, hacia la trascendencia y hacia la muerte son justamente esas: el amor, la curiosidad, el deseo de ser otros, de estirarse fuera del ser. Y resulta ser que todas esas fuerzas lo conducen a uno a la muerte. Si esas fuerzas no operaran permaneceríamos estables, en un punto del camino. Sin ansiedades, ni deseos. Probablemente sin vida, y también sin muerte. Y sin amor, desde luego.¿Cómo se hace para escapar todos los días de la muerte?
No sé si se hace conscientemente. Bueno sería decir: "bueno, me voy a escapar un rato de la muerte". Pero en rigor de verdad, yo creo que lo que aparecen como esfuerzos para escapar de la muerte suelen ser, como ocurre en las mejores historias fantásticas, justamente las que nos conducen a la muerte. El esfuerzo por escapar del horror nos conduce justamente al horror. Y el esfuerzo de amar, o de conocer, el esfuerzo de trascender, es lo que nos conduce a la muerte.
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