El multimillonario conservador Silvio Berlusconi, que regresa por tercera vez al poder en Italia, enfrentará el desafío de sanear la maltrecha economía nacional, pero los economistas dudan de su voluntad de reforma.
"La prioridad es el retorno del crecimiento y la implementación de reformas diferidas desde hace 10 años. Si no, el país sucumbirá al juego de las acusaciones y las trastadas", declaró el economista Giacomo Vaciago, profesor de la Universidad Católica de Milán.
Para lograrlo, el jefe de la derecha italiana deberá seguir con la liberalización de los servicios lanzada por el anterior gobierno, modificar la política fiscal y simplificar el funcionamiento de las instituciones, subrayó.
"Italia sufre de una mala gobernabilidad que implica que para toda decisión es necesario el acuerdo de cada autoridad; esto es el mejor medio para no hacer nada y termina en situaciones como la crisis de la basura en Nápoles", agregó el economista.
El diagnóstico sobre la desaceleración del crecimiento es unánime. El gobierno saliente prevé un alza del PIB de 0,6% este año, lo cual coloca a Italia a la cola del pelotón europeo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) es más pesimista y estimó que el crecimiento será de 0,3% en 2008.
El país tiene los sueldos más bajos de la Eurozona, el récord europeo de evasión fiscal y una baja competitividad. Frente a este sombrío panorama, la voluntad de reformas de Berlusconi deja dudas.
"El mensaje de Silvio Berlusconi no es claro", dijo Marco Valli, economista jefe de Unicredit para Italia. "Las promesas de reducción de la fiscalidad son demasiado ambiciosas, a menos de que haya una revolución en el frente de la reducción de los gastos públicos, pero eso no es seguro dada la
experiencia del anterior gobierno de Berlusconi", agregó.
Los ingresos fiscales aún son buenos pero "es extremadamente importante que el nuevo gobierno convierta en una prioridad la lucha contra la evasión fiscal", afirmó.
"Si (Berlusconi) es menos riguroso en este frente, se privará de importantes recursos y corre el riesgo de encontrarse como en 2001, frente a un hundimiento del crecimiento y de los ingresos fiscales", alertó Valli.
En 2007, el gobierno de Romano Prodi disminuyó el déficit fiscal público de Italia a 2%, en particular gracias a la lucha contra el fraude fiscal, tras varios años con un déficit por encima del umbral máximo de 3% fijado por Bruselas.
"El programa de la derecha se centra más en el crecimiento que en las cuentas públicas. El problema es que los márgenes de maniobra son limitados y que Italia es muy dependiente del contexto internacional", subrayó Paolo Mameli, economista de Intesa Sanpaolo.
Además, Berlusconi no ha precisado cómo financiará las reducciones de impuestos prometidas y su balance sobre la lucha contra la evasión fiscal "no es brillante", agregó.
El nuevo gobierno deberá asimismo decidir qué hace con Alitalia, la aerolínea amenazada de quiebra, que pierde un millón de euros al día. "Haremos lo necesario y el servicio para los pasajeros será garantizado", afirmó Berlusconi el martes.
El jefe de la derecha dio a entender durante toda la campaña electoral que tenía una alternativa a la oferta de compra de Alitalia planteada por Air France-KLM, a través del recurso a fondos empresariales italianos.
Si la compra de Air France-KLM fracasa, la solución prometida por Berlusconi será rápidamente puesta a prueba, ya que Alitalia sólo tiene los medios suficientes para sobrevivir unas semanas.
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