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Planeta Terra | Buenos Aires, 11 de noviembre de 2004 - 16:47 hs. Última actualización 11:56 La noche eterna de Creamfields Hubo más de 50 mil personas y no faltó la lluvia. En la ciudad deportiva de Boca, Paul Oakenfold y Deep Dish compartieron escenario con los argentinos Catupecu Machu y Zuker. Se llegó a pagar 150 pesos por una entrada. Crónica de 12 horas de festival. Con la tradición de la lluvia y pocas novedades para mostrar, Buenos Aires vivió el sábado una nueva edición de Creamfields, el evento de música electrónica más importante del año. Esta vez, la cita fue en la vieja ciudad deportiva de Boca Juniors, un mito en la historia de la corrupción deportiva argentina. A pesar del planito que indicaba dónde se encontraba cada uno de los once escenarios y carpas, el público debía invertir parte de la primera hora en reconocer el lugar, y elegir un hipotético recorrido entre las actuaciones de toda la noche. La decisión es clara: o ver un poco de todo, atentos al reloj y al comienzo de los otros shows, o seleccionar sólo algunos escenarios y algunos artistas, con el riesgo de perderse algo importante. Una condena normal en este tipo de eventos, que cada vez aumentan el precio de sus entradas: el sábado se llegó a pagar $150 por cada una. En el Main Stage, la noche realmente comenzó poco después de las 20, cuando Zuker XP subió al escenario. Convencido de su actitud como rey de los DJ´s rockeros, se dedicó a remixar canciones de Deep Purple y AC/DC, con una respuesta muy efectiva de parte del público. El punto débil de Zuker sigue siendo su gusto. Si la idea es buscar hits rockeros para hacerlos estallar con la electrónica, ¿por qué hacer un cover de la banda inglesa Elástica? Otra pregunta que surge luego de ver a Zuker es ¿por qué la música electrónica local no puede crear sus propios hits? Desde dos carpas de circo y un enorme galpón emanaban los sonidos más duros de la noche. Una larga lista de DJ´s argentinos e internacionales ofrecía diferentes estilos, pero todos apelaban a la misma vibración corporal. En esos recintos, que se atestaron de gente apenas cayeron las primeras gotas de lluvia, parecía que la única forma de ser conseguir la felicidad es el agotamiento corporal. En el Energizer Stage, un escenario un poco más chico que sufrió la falta de público durante toda la noche, una de las primeras en hacer el esfuerzo fue Rosario Bléfari, con una banda simpática con un poco de olor a Pixies. Más tarde la siguieron Imparciales, y un pálido Leo García, que quizá tocó demasiado temprano.Sonidos mezclados Un ejército de promotoras rubias, que marchaban en formación casi militar demostraba que la religión de Creamfields es el culto al teléfono celular. Y el fondo de las chimeneas y torres de la Central Costanera le daba un aire apocalíptico a la mezcla de sonidos que se escuchaba en el tránsito de un escenario a otro. Había algunos del público que incluso preferían el mix total, y se paraban justo en el centro del predio, para recibir por ráfagas todos los sonidos que llegaban desde los escenarios y las carpas. En el escenario principal, el cantante de Catupecu Machu se ocupó de proclamar la hermandad que lo une con Zuker y con todos los DJ´s. Entre el público surgió una verdadera marejada de fans, y en el escenario, el grupo estuvo a la altura del acontecimiento, con un sonido que recordaba a EMF. Cuando comenzó la tradicional lluvia, aparecieron impermeables de nylon amarillo que una empresa japonesa de audio regalaba al público, en una muestra de muy buenos reflejos en materia de marketing. También en el Main Stage, el lento comienzo del show de Groove Armada coincidió con un intervalo sin lluvia. La banda ofreció un derivado muy prolijo del funk, pero un poco ramplón. Sus mejores momentos eran los de oscuridad, donde con esfuerzo se podía escuchar algún eco de Faith no more. Pero en general, la impresión que dejaron fue la de meros continuadores del sonido de bandas como Dee Lite. Mientras en el Cream Arena Martín García mostraba sus excelentes dotes para manejar el movimiento de una multitud, en el segundo escenario Luchi Camorra se las arreglaba con muy poco público. Con movimientos que hacían recordar a Juanse de los Ratones Paranóicos, Camorra mostró el mismo esquema de rock electrónico de Zuker, pero mucho más humano. Con el humor de sus letras parecía estar riéndose de toda la industria del rock, y hacia el final se ganó el aplauso del poco pero fiel público presente.Bailando bajo la lluviaPaul Oakenfold hizo valer toda su experiencia desde el comienzo de su actuación en el escenario principal. Fue una larguísima secuencia, sólo interrumpida por algunos problemas técnicos (que Paul se encargó de resaltar) y con un público que le era incondicional. Quizá lo único que le quitó potencia a su show fue la poca sorpresa, cierta falsa emotividad de su música, con pomposos cortes y estallidos. Los iraníes de Deep Dish lo reemplazaron después de casi dos horas en el Main Stage, con música algo más pop y melancólica, y remixes de U2 que el público coreaba bajo la lluvia. Mientras tanto, por el Energizer Stage pasaron Proyecto Verona y Victoria Mil, y poco después llegó Emanuel Horvilleur, el más "setentista" de los rockeros argentinos. A esta altura el escenario estaba un poco más nutrido de público, pero cuando llegaron los ingleses Shystie, la desbandada fue casi total. Es que el cuarteto no tenía mucho que ofrecer más que un hip-hop de manual, mal sostenido por las voces y con muy poco brillo en la programación de baterías. A favor de ellos hay que decir que hubo enormes problemas técnicos en este segundo escenario; problemas que también tuvo que sufrir Dante, cuando subió poco después para continuar con el hip-hop. Con un contacto muy íntimo con el público y los modales de Carlos Tévez, Dante terminó su presentación con un "¡Se pudrió todo, loco!", para dejar en claro que ya era demasiada la lluvia que caía sobre el escenario. Ya se cumplían 12 horas seguidas de festival, y una multitud comenzó a ir hacia la salida, debajo de la lluvia y el viento. Caminaban sobre basura: latas de bebida energizante, vasos y botellas de agua que pronto pasarán a ser el relleno con que se le gana más terreno al Río de la Plata. Para quienes todavía conservaban energía, quedaba una de las grandes atracciones: Hernán Cattaneo, que iba a demostrar en el Cream Arena por qué es el DJ argentino más reconocido en el mundo. Terra Comentarios publicados | Del 8 de Enero al 14 de Enero
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