Apenas se calentaron las butacas del Gran Rex Jaime Roos soltó: Quiero presentar a un ídolo. Pero a un ídolo en serio. El hombrecito barbado que salió a escena enfundado de negro era nada menos que el sonero más vanguardista: Rubén Blades. Sorpresa absoluta en la Avenida Corrientes.
Junto al uruguayo cantó Amándote, hit cosecha ´87 de Roos, que también registró el panameño. Algo desprolija la versión, Blades improvisó un pecadora en la mitad del tema y combinó su voz con la de Jaime. Su retirada se cerró con un La sabe, es el sueño del pibe y ¿Qué hacemos ahora, nos vamos? de un feliz Roos.
Pero el oriental se quedó tres horas en el escenario. El espectáculo tuvo tres pilares: las canciones del más reciente Contraseña, algunas perlitas que sacó Roos del fondo del baúl de su carrera. Pero lo central fue una vez más su cancionero más famoso.
De su nuevo CD sólo volvió con Amor profundo, No pienses de más, su Milonga de Gauna y Tablas. El cantante no ahorró las piezas ya condensadas en la memoria colectiva: Los futuros murguistas, Adiós juventud, Durazno y Convención, El hombre de la calle, La hermana de la coneja y varias más.
Todas celebradas por el público, estas gemas también marcaron en los últimos años nuevos horizontes para grupos argentinos (Bersuit, Los Piojos, La Chilinga). Una obra que curiosamente Jaime gusta definir más como consolidadora que innovadora en Uruguay.
Sin embargo, en Buenos Aires el cóctel rock + murga + barrio tiene múltiples seguidores. Pero lo de Jaime va mucho más que una mera cuestión de fórmulas y envases: con precisión de orfebrero Roos construyó una obra minuciosa, singular y sólida.
Pero al mismo tiempo, de esa misma coraza de quince o veinte canciones ya cristalizadas, Jaime tal vez queda atado en sus shows. Por eso el tercer pilar del concierto fue desempolvar las joyas perdidas en el tiempo: tiene muchas canciones para tocar.
Roos optó por las entrañables Aquello y Quince abriles. Podrían haber sido Y es así, Inexplicable, Carta a poste restante, Sí sí sí. El listado es mucho más extenso y rico. Allí es cuando Jaime, además de conquistar, logra sorprender.