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Blog Más Música | Buenos Aires, 12 de agosto de 2001 - 15:13 hs. Última actualización Moreno Veloso y el arte de reinventar ritmos En el show en el Sheraton, Moreno Veloso, gambeteando la sombra de Caetano, proyecta la suya sobre una paleta de ritmos rubricados por el uso de samplers y guitarra. Todo bajo la canción y de su quebradiza voz. Moreno Veloso tiene 28 años, un apellido luminoso y un disco debut -Máquina de escribir música- de reciente factura. El ADN -y sus declaraciones sobre todo- arrojan que es físico por el lado de su madre y músico por parte del padre. Sin embargo, Moreno se apropia de los genes de los mayores y los tamiza con los suyos. En el Sheraton exhibe su propuesta: una canción donde los compartimientos tradición y novedad se unen y tiran por la borda el estereotipo el hijo tecno de Caetano. Cuando Moreno se mete con el pop y el rock, los hace atravesar por el uso de samplers, electrónica, sin visos de experimentación. Se ata a la batería programada de su alter ego Domenico Lancellotti y al bajo de Alexandre Kassin. Pero de fondo todo está puesto al servicio de su voz quebradiza y la canción. La distancia que va de la íntima Eu sou melhor que vocé a la inquietante versión de Enquanto isso no es caprichosa. Es en esa superficie donde se mueve como pez en el agua. No es un fundamentalista de la tecnología. Cita y recicla mundos distantes: los envuelve bajo una aureola personal. Son versiones que se alejan incluso de las del disco. Hijo de las computadoras, del arte de Arto Lindsay y del Tropicalismo, Moreno integra un imaginario pelotón de nadadores de nuevas corrientes -un mundo tan amplio como resbaladizo donde figuran Bebel Gilberto y Jorge Drexler-. Lo insólito es como su discurso dibuja paisajes personales: como si su música no dejara de lanzar guiños a la tradición brasileña. Allí está Domenico inyectando un socarrona versión de Eye of the tiger del film Rocky IV, a grito pelado, con batería programada de fondo. Moreno casi no habla pero los tres muchachos se divierten igual: juegan también con el sonido amplificado de un globo que se desinfla. Una corte de sonidos parte al medio Arrivederci, mitad reggae, mitad furia. La indagación sonora tiene sus límites: los bordes están surcados por el formato canción. Adentro todo es posible, ninguno de ellos sale a ver que hay afuera. Todo parece tan simple, tan despojado, como las bromas de tres amigos de antaño que se divierten en el escenario. Ahí están cerrando el show con un homenaje explicito a Brasil, pandeiro en mano. Son una máquina de reinventar las fuentes en que se embebieron, un puzzle de influencias. Es música que se debate entre el pasado y el futuro. / Andrés Casak. Comentarios publicados | ![]() Del 8 de Enero al 14 de Enero
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