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| Buenos Aires, 3 de noviembre de 2001 - 20:00 hs. Última actualización 15:17 Jaime Roos, mucho más que murga y rock El uruguayo tocó en La Trastienda su último disco Contraseña pero principalmente volvió sobre sus temas más famosos. Mostró los resortes de una propuesta que trasciende la murga y el rock. Fue un gran show de tres horas. La propuesta de Jaime Roos no destella como un haz de luz. Su avanzada se halla más bien en la consolidación de un estilo sobrio y perfectamente circular que, con paciencia de orfebrero, edificó en más de dos décadas de carrera. En eso anduvo el concierto en La Trastienda: en esos 20, 25 temas que vierten sobre él, a esta altura, el título de clásico, casi un mediocampista -como titulara aquel disco de 1984- entre la riqueza beat de un Eduardo Mateo y los loops románticos de un Jorge Drexler o de un Martín Buscaglia. Un pase charrúa imposible sin un número 5 ahí, atento, en la mitad de la cancha. Desde ese lugar Jaime arma, cómodo, el juego. Como cuando hace Esta noche, denodadamente rocker, beatle y universal, con los tres diablitos Ibarburu en la base rítmica. Arquea para la murga canción en el inoxidable Adiós juventud. Y le saca lustre a su propia historia en Piropo. Entre esas canciones Roos bosqueja un pasaje del ayer al futuro, enraizado en un sonido que no deja de sonar 100% uruguayo, más allá de los guiños y los disparos a las más variadas regiones de la geografía rock. De los omnipresentes Los Beatles al adelantado Mateo. Pero esos-temas-que-no-pueden-faltar son la cara y ceca de los shows de Roos. Tan imprescindibles como recurridos, las canciones resuelven la tensión con una fuga hacia adelante: son los más pedidos, están cristalizados y marcan la condensación de una docena y pico de discos de Jaime. Pero el caleidoscopio no se detiene ahí. Agrupa muchas más imágenes. Como las que producen temas que piden a gritos salir a la superficie. Roos volvió sobre Quince abriles y Tu laberinto. Podrían haber sido Parece, Historias tristes, Sí sí sí. La lista es larga y está llena de saltos. Finalmente, el arte del uruguayo apura el paso frente a los encasillamientos de síntesis entre el rock y murga, fútbol y barrio, romances y paisajes locales. En una senda paralela, pero más crucial, el músico logró dibujar contornos superlativos a las canciones. Allí descansa el sonido Roos, su clasicismo. / Andrés Casak. Comentarios publicados | ![]() Del 5 de Dic. al 11 de Dic.
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