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Buenos Aires, 27 de agosto de 2004 - 13:51 hs.
Última actualización 15:23

Las grabaciones
A 10 años de la muerte de Roberto Goyeneche
El viernes 27 de agosto se cumplió una década de la muerte de Goyeneche. Además de su importancia como cantante de orquesta, fue un referente de tango para los jóvenes, en tiempos en que éste parecía destinado a una crisis terminal.

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Roberto Goyeneche, cuando era el cantor de Troilo
Hoy, con el paso impiadoso del tiempo, la figura del Polaco Goyeneche está asimilada a la del diceur fatigado de los años 80, cuando en realidad su trayectoria cubrió buena parte de la década del 50 y desde allí se proyectó por orquestas y distintos acompañamientos hasta que, con el último hilo de voz -al final de su carrera-, se convirtió en un imán para el rock y el público más joven.

Por eso, escuchar sus primeros registros resulta una aventura sorprendente, ya que el vibrato y su timbre parecen irreconocibles en él, como si se tratara de otro cantante. Y dan la dimensión de cómo las grabaciones son un espejo de los vaivenes de su carrera y su vida, desde el novato cantor de la orquesta de Horacio Salgán hasta el último registro de Los mareados, pocos meses antes de su muerte, el 27 de agosto de 1994.

Cuatro etapas

Aunque Goyeneche empezó en la orquesta de Raúl Kaplún -a la que se integró tras ganar un concurso-, el primer registro comercial es con la formación de Horacio Salgán en 1952. La increíble leyenda es que el representante del pianista lo escuchó cantando mientras Goyeneche manejaba la 219, línea de la que era colectivero. El hombre, que también se ufanaba de “descubrir” a Edmundo Rivero y Alberto Marino, lo llevó a la prueba con el músico, que venía de rearmar su orquesta de avanzada.

Con Angel Paya Díaz -que lo rebautizó como “Polaco” por su cabello rubio-, Goyeneche hizo sus primeras armas al frente de la orquesta de Salgán, dejando diez registros imbatibles. Entre ellos, el de Pan -un tango de corte social- y en duetos con Díaz, un formato en auge en los años 40 desde que lo impuso Aníbal Troilo con Alberto Marino y Floreal Ruíz.

Junto a Pichuco

El 1956 Goyeneche armó las valijas y mudó su voz a la orquesta de Troilo, que fue entrar por la puerta grande del tango. Unos años atrás Edmundo Rivero había hecho el mismo trayecto: primero con Salgán y luego con Troilo. Es que la orquesta de Pichuco, cuando ingresó Goyeneche, ya era una auténtica escuela de cantores: por ahí habían pasado, además de Marino, Ruíz y Rivero, otras voces esenciales como las de Francisco Fiorentino, Jorge Casal y Raúl Berón.

Entre 1956 y 1963 Troilo y Goyeneche compartieron escenarios y grabaciones, dejando temas que cobraron la magnitud de clásicos con el tiempo. Está claro: aún con los últimos estertores, eran tiempos en que las orquestas difundían novedades. Y Goyeneche consagró la canción A Homero -homenaje de Cátulo Castillo al gran Homero del tango, Manzi-, La última curda, Tamar y Garúa, entre muchos otros.

Increíblemente, la primera etapa de Goyeneche con Troilo entre el 56 y 59 -realizada con la compañía TK- no existe en CD y recién ahora salió el resto del trabajo con Troilo en RCA Víctor, ordenado en forma cronológica y bien documentado. Aunque Goyeneche estaba cómodo en la orquesta, fue el bandoneonista quien propulsó su salida, confiado en que encontraría más eco como solista.

Años después volvería a grabar con Aníbal Troilo Nuestro Buenos Aires (1968) -doce temas con firma de la dupla Federico Silva y Armando Pontier- y ¿Te acordás Polaco? (1971) -dedicado a repasar una docena de clásicos-, en los dos casos como cantante invitado. El segundo trabajo sería en rigor el último surco que hizo Pichuco en su carrera.

Más allá del plano anecdótico, el paso de Goyeneche por la orquesta de Troilo fue decisivo para su carrera. Le dio un repertorio que transitó hasta el final, un nombre respetado en el tango y hasta conoció a muchos músicos que lo acompañarían en sus siguientes etapas discográficas (el caso del bandoneonista Ernesto Baffa y el pianista Osvaldo Berlingieri).

En una entrevista Goyeneche resumió todo: dijo que Troilo era su “papá” y que cantar en la orquesta de Pichuco fue "como jugar en la selección”. No se equivocaba.


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Terra / Andrés Casak.


 Comentarios publicados
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Mensajes publicados en esta nota: 2
Nada mas reconfortante que ver y escuchar esta pa...(Marcel)
Excelente nota la de Andrés Casak sobre Roberto Go...(Manuel)
   

Partes de esta nota
I. A 10 años de la muerte de Roberto Goyeneche
II. Los años 70 y 80: un oasis en el tango

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