Tanta constancia y sacrificio con el paso de los años dieron sus frutos. Espínola fue medalla de Oro en los Panamericanos 95; medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96; campeón de Europa 98 y además se ubicó en la tercera posición del Mundial que se llevó a cabo en Mar del Plata en febrero de este año. Un triunfador con todas las letras.
Como parte de un entrenamiento minucioso y profesional, Espínola llegó a Sydney tres meses antes de que se iniciaran los Juegos. A diferencia de los otros deportistas no se hospedó en la Villa Olímpica sino que alquiló una casa en Belleuve Hill, a diez cuadras de la Marina. Allí compartió los días, los nervios y las ansiedades con su entrenador Eduardo García Velázquez y con el Preparador Físico Daniel Bambicha.
Si algo lo distinguió del resto de los competidores durante todo el torneo, fue la fuerza y la impecable técnica que mostró cada vez que se subió a la tabla. Es inteligente para elegir la táctica correcta y jamás se esfuerza por salir primero en todas las regatas. Cuando no hay viento, se convierte en el privilegiado de la flota, y ello es por su impresionante capacidad para manejar la vela.
Las horas previas a la regata final transcurrieron con tranquilidad entre mates, chamamés, yoga y descanso. Desayunó, como acostumbra a hacerlo, con cereales, tostadas y jugo de naranja. A continuación llegó la hora de las elongaciones y la entrada en calor para poner a punto el físico.
En Carlos Espínola estaban puestas muchas de las expectativas argentinas en estos Juegos y no defraudó. No lo hizo porque dio todo para ser el mejor, y cuando se pone tanto entusiasmo y esfuerzo en alcanzar una meta, sea cual fuese el resultado, es muy difícil fracasar.