Primero me detuve en el 113 de la rue Notre Dame des Champs, precisamente en La Closerie des Lilas, uno de los mejores cafés de la zona. Un lugar en donde se está cómodo y desde el cual el escritor norteamericano Ernest Hemingway escribía sus cuentos a principios de la década del 20.
Como el día era claro y me entraron ganas de seguir caminando, atravesé el brazo del Sena hasta Ile St Louis, con sus calles estrechas y sus viejas casas altas y hermosas. Un paisaje mucho más tranquilo, menos gente y animación.
Al mediodía, cuando el hambre comenzó a arreciar, retrocedí hasta el Boulevard St Germain y comí, en el Café de Flore, un lugar frecuentado, en la primera mitad del siglo XX, por Albert Camus y décadas posteriores por el escritor más cosmopolita y porteño que hemos tenido, Julio Cortázar.
De asientos muy cómodos y un clima distendido, el Café de Flore cuenta con una clientela propia local y con una variedad de turistas que desean conocer este tradicional y famoso lugar. Además brinda para aquellos que requieran información extra unos preciosos libritos donde cuenta quiénes han pasado por sus mesas; un resumen adecuado de historia y color local.
Apenas salí del café, lo que parecía un mediodía despejado se convirtió en chaparrón. Caminé algunas cuadras, miré alguna que otra vidriera y decidí volver algunos pasos para refugiarme en algún cálido lugar.
Mara Pescio / Asatej