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Buenos Aires, 29 de mayo de 2007 - 19:19 hs.
Última actualización 19:39
Centenario
John Wayne, el mejor de todos
Se han dicho demasiadas cosas sobre John Wayne y muchas de ellas no son ciertas. Sí es cierto que representó -y representa- lo mejor que dio el cine clásico estadounidense. Un balance de su carrera al cumplirse 100 años de su nacimiento, qué películas ver y adelanto de una colección en video.

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John Wayne, uno de los mejores actores de la historia del cine.

Marion Morrison nació en 1907. Con ese nombre, resulta irónico que representase al icono masculino del cine del siglo XX por excelencia, aunque para eso su amigo John Ford le cambió el nombre a John Wayne. Lo que lo convirtió en una enorme leyenda.

Hechos: fue un ídolo del foot-ball americano universitario. Tom Mix le consiguió un trabajo como utilero en el cine a cambio de entradas para los partidos. John Ford dirigía a Tom Mix, conoció a Morrison, lo apodó "The Duke" y comenzó a darle pequeños papeles. Y luego su primer protagónico en Hombres sin mujeres, un drama de submarinos en 1931.

Es decir, no comenzó como cowboy, pero le dio la fisonomía definitiva a partir de su primer gran éxito, La diligencia, en 1939. Más adelante, en los films sobre el Séptimo de Caballería (Fuerte Apache, La legión invencible y Río Grande) forjaría al hombre maduro, tímido con las mujeres, noble y de caminar pesado que marcaría a fuego todos sus films.

En la actuación de Wayne no hay histrionismo. El rostro siempre parece el mismo, pero no se puede decir que en los films de Ford sea igual que en los films de Howard Hawks o en los de Allan Dwan, directores con los que trabajó más de una vez e hizo obras maestras.

Lo interesante de John Wayne es que es imposible no creer que sus personajes son seres de verdad y con sentimientos muy complejos expresados con un mínimo de gestos. Basta como ejemplo la mirada de despedida de su Ethan Edwards en Más corazón que odio, la forma en que observa enamorado a Maureen O'Hara en El hombre quieto o la desesperación con que incendia su casa en Un tiro en la noche.

Es cierto: dirigió un par de films demasiado patrióticos, uno de ellos realmente imperdonable llamado Los Boinas Verdes. Pero también es cierto que era bastante ingenuo para la política. Aunque apoyó la legalización de la pornografía en un célebre spot publicitario donde, vestido de cowboy decía que cualquiera tenía derecho de ver lo que quería. Lo hizo en plena era Nixon, además.

Como si fuera poco, en 1979 se le otorgó la Medalla de Oro del Congreso de los Estados Unidos. Y lo felicitaron no sólo republicanos como Ronald Reagan, sino gente que estaba, ideológicamente, en la vereda opuesta, como Gregory Peck, Elizabeth Taylor, James Stewart, Jack Lemmon o Kirk Douglas. En Hollywood se lo quería mucho porque, más allá de todo, era un buen tipo.

La Academia de Hollywood lo nominó varias veces. Y aunque merecía el premio por Arenas de Iwo-Jima (el drama bélico de Allan Dwan), recién se lo dieron en 1969 por Temple de acero, donde interpretaba a un viejo cowboy tuerto. No era un gran film pero dicen que cuando John Ford lo vio, dijo "no sabía que el hijo de puta podía actuar".

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Terra / Leonardo D'Espósito.

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